Se habla mucho de creatividad como si fuera una fábrica de ocurrencias. Pero en un entorno donde las máquinas ya pueden generar miles de variaciones en segundos, esa definición se queda corta.
La creatividad realmente decisiva no consiste en producir más posibilidades. Consiste en discernir cuáles merecen existir.
Ese discernimiento no es puramente técnico. Tiene una dimensión moral. Una idea puede ser correcta desde el punto de vista funcional y al mismo tiempo degradar el vínculo o empobrecer la experiencia humana.
Por eso la creatividad del futuro se parecerá menos a la inspiración romántica y más a una forma exigente de responsabilidad.